Hola. Pues ahora creo que me toca a mí contarles cómo llegué a Monti.
Soy una comelona empedernida de toda la vida. Adoro descubrir gustos, sabores, texturas, combinaciones, etcétera.
Por lo tanto, siempre he sido una pésima candidata para una dieta. De todas maneras, corrí con suerte porque fui una flaquilla irredenta hasta los 33 años (50-53 kilos para 1,65 m de estatura).
Mamá gordita y papá flaco. Así que supongo que mis genes tenían que decantarse tarde o temprano, y seguro que mi páncreas también una mañana despertó y dijo: Hasta aquí.
El caso es que me mudé a vivir a Francia en el verano del 2003, llegué con 53 kilos y en siete meses había subido 5 kilazos¡¡ No me asusté demasiado porque no tenía sobrepeso-sobrepeso, pero toda mi ropa me apretaba.
Ahí me embaracé (febrero 2004).
Todo fue alegría y felicidad, pero durante el segundo trimestre del embarazo comencé a subir como desesperada y sin correspondencia real con respecto a lo que consumía. Me asusté porque en el quinto mes ya había subido 9 kilos¡¡

En el sexto mes me practicaron las pruebas de rigor para descartar diabetes gestacional, y hala, cuál no sería mi sorpresa cuando luego de 3 pruebas en una semana, di positivo.
Se me vino el mundo abajo¡¡ Estaba realmente angustiada dentro de un embarazo que había sido bellísimo.
Vi a la endocrina y me dijo que probaríamos un poco con los alimento antes de decidir si había falta insulina. Me tocó darme piquetitos y tomarme el IG de la sangre 6 veces al día. Horroroso.
Y puedo decir que llegue a Monti a tientas y sin saberlo. Comencé a tomar avena por la mañana, sin azúcar, a reducir al mínimo mi consumo de harinas refinadas, pero sí mucha fibra, legumbres, frutas y proteína.
Monti pero a lo empírico pues. Y no fue necesaria la insulina.
Fue increíble porque comía muy bien y siempre en abundancia, pero sucedió algo difícil de explicar para mí entonces (ahora me queda clarísimo), al final subí sólo 9,5 kilos. Es decir, durante el tercer trimestre que es cuando más crece el bebé, aumenté sólo 500 gramos, y mi peque creció (y vaya que lo hizo) a partir de la reserva innecesaria que yo había constituido durante el segundo trimestre.
Mi spider-baby nació hermosa y sanísima (3,6 kilos). Pero la angustia de no saber qué alimentos me llevaba la glicemia al cielo, me dejó girando la cabeza.
Tras el embarazo regresé a los 58 muy prontito por la lactancia, pero luego me eché dos kilazos más en un año, y después hice un viaje a México en enero-febrero del 2006, y hala, 2 kilos más de regalo.
Cuando regresé en marzo con mis 62 kilazos, y vi las fotos de las vacaciones, dije:
Ni 100 gramos más.
Busqué y busqué y busqué, pedí como 8 libros distintos por Internet (dietas disociadas, Dukan, tipos sanguíneos, etc) y nada me terminaba de convencer. Y buscando en Internet, en una referencia de dietas hipocalóricas alguien decía que para qué sufrir tanto con las restricciones si él había hecho Montignac hacía 10 años, había perdido muchos kilos y no los había recuperado.
A buscar como desesperada, hasta que llegué a la web de Montignac.
Como buena obsesiva, pedí 3 libros por Internet, me los devoré en una semana y encontré este foro estupendísimo.
Eran los últimos días de abril, y el 1 de mayo, que además era lunes, me venía maravillosamente para iniciar. De eso hacen exactamente tres meses, y no pude haber tomado mejor decisión. Ya se fueron 5 kilos, y me faltan 2 para llegar a 55. No sé si el cuerpo decida regresar a su “pasado” o no, pero me da lo mismo porque sé que con 55 kilos me sentiré feliz. Y como todos ustedes, Monti será mi ruta de alimentación pero por muchos, pero muchos años más.