
Este día me dediqué a escribir, leer y estudiar, tratando de disfrutar minuto a minuto mis actividades, concentrándome para lograrlas con la mejor calidad... pero sobre todo, porque deseaba huir de esos molestos fantasmas que me persiguen cada cierto tiempo, cuando menos lo espero, cuando hay un segundo de respiro, cuando me levanto por un café, o aparto la vista de mi labor para contemplar a través de la ventana el cielo nublado de una tarde lluviosa de junio... un segundo... un respiro y ahí están... Puede tratarse de una imagen que se vislumbra en una nube, o el murmullo de la lluvia resbalando por el cristal...
Entonces descubres que un recuerdo te envuelve, y lo ves ante tí como una película quizás nítida, quizás borrosa, a cámara lenta o a mil colores, pero la ves, escuchas otra vez las palabras que te hirieron, el gesto que te molestó, o incluso el autoreproche por tal decisión mal tomada y que te llevó por el camino equivocado.
Sin percatarte comienzas a preguntarte ¿por qué no elegí tal opción? ¿por qué salí con tal persona? ¿por qué no reclamé y aclaré las cosas en tal ocasión? ¿por qué contesté el teléfono en ese momento?
¿Por qué la psique nos la juega así? ¿por qué menospreciamos el presente? ¿acaso tenemos que reescribirnos una y otra vez como si corrigiéramos una novela que no terminamos de escribir, por regresar siempre sobre sus páginas para cambiarla.
Le llaman nostalgia al sentimiento que nos invade cuando volvemos la mirada atrás y abrazamos compasivamente nuestros recuerdos...
¿Es realmente eso? No será un egoísmo morboso y hasta masoquista aquello que nos mueve los hilos haciéndonos retroceder, porque se vuelve una forma de desevolución cuando nos cerramos al presente que tenemos en las manos y volvemos sobre nuestros pasos... ¿por qué? ¿qué no es hermoso el presente con el que contamos? Es simple, el presente es la cosecha consecuente de aquellas acciones que tanto evocamos, a veces en contra de nuestra voluntad, especialmente cuando revolotea ese bicho del consabido "si hubiera..." y fanfarroneamos con un presente distinto, más brillante y perfecto...
Y en silencio menospreciamos ese momento precioso de vida que es el "ahora".
Y cuando regresamos a la realidad, descubrimos que ya se fue un día, que ya no convivimos con nuestros amigos, que no escuchamos el canto de las aves bajo la ventana, o la risa de nuestro pequeño hijo mostrándonos su dibujo, y comprendemos que el momento ido pudo ser grato, pero no aplicamos nuestros sentidos en él, porque la nube de la añoranza nos envolvió... manteniéndonos en el cosmos alterno de un recuerdo, que por más que modifiquemos en nuestra imaginación se quedará así tal cual fue y no será.
¿Por qué no despertar? Abrir los ojos por la mañana, a la gloriosa mañana y maravillarnos con el día iniciante. Sonreír, tomar un liezo en blanco para pintar en él con pincéles nuevos, tintas nuevas. Dejar de rebobinar el pasado, para editar escenas sin remedio y quemar por fin la cinta, porque en ese amanecer radica la vida y la oportunidad para aprender a ser felices a partir de cada nuevo día.