El veneno de serpiente o la baba de caracol son algunos de los ingredientes más raros que encontramos en algunas de las cremas del mercado.
Hace unos años si nos hubieran dicho que nos acabaríamos poniendo las babas de un caracol en la cara nos hubiéramos
echado a reír. ¿Cómo podía ser posible que un bicho así pudiera tener cualidades regenerativas? Después del susto inicial nos pusimos manos a la obra para investigar que el animal no es tan fiero, ni tan asqueroso, como lo pintan.
Las
famosas, como siempre, fueron las
primeras en utilizar eso del veneno para el rostro. Las que lo usaban hablaban maravillas de él y reconocían en su rostro como las
arrugas se reducían de manera evidente y mejoraba la hidratación de la piel. Esto se debía a las toxinas que contenía el veneno de la serpiente, las cuales actuaban como si de
botox se tratase, debido a los aminoácidos que contenían los cuales realizaban una
función bloqueadora de las señales nerviosas.
No te preocupes si tienes fobia a las serpientes, pues para ti tenemos: la
baba de caracol. Desagradable al oído igual que la otra y con beneficios similares. Si lo piensas de primeras, quizás no te la eches, pues en nuestro imaginario colectivo siempre estará el pobre caracol, tan babosito y lento.
Pero si le quieres dar una segunda oportunidad, puedes hacerte con una de estas
cremas que prometen ser potentes
eliminadoras de arrugas. El secreto radica en los propios componentes de la baba del molusco, porque entre ellos encontramos: el
ácido glicólico, con su acción exfoliante, ideal para retirar células muertas y dejar paso a nuevas;
proteínas y enzimas que dejan la piel muy nutrida y
colágeno. Son, por tanto, los componentes de la baba lo que la hacen ser un ingrediente muy interesante en las
cremas antiaging.