La artista sigue viva en el recuerdo de José Ortega Cano, de su familia y de todo el país.
Desde que su
muerte, tras una larga enfermedad, conmocionara a nuestro país, su viudo,
José Ortega Cano, se ha encargado de que la
artista siga
viva en el recuerdo de sus hijos y del público, pese a que él nunca ha podido superar su pérdida.
Hace hoy cinco años desde que "la más grande" entonó su último
adiós, pero la casualidad ha querido que se convierta en el
aniversario más triste. Ortega Cano sigue ingresado muy grave tras sufrir un accidente y no podrá visitar el
mausoleo de su mujer en el
quinto aniversario de su muerte.
Para el
torero, el 1 de junio es un
día negro. El
amor que unía a la
pareja era tan fuerte que nunca ese sentimiento ha podido romperse. Quizá por eso, Ortega Cano no ha podido sobreponerse de manera definitiva tras el fatal desenlace de la tonadillera.
Una gran historia de amor
Muchos fueron los que nunca apostaron por su relación, pero con el tiempo demostraron que
lo suyo era verdadero.
Rocío Jurado conoció a "el torero", como ella misma lo llamaba, y
se enamoró. La
cantante siempre dijo que fue un flechazo y el
gran amor de su vida, pese a haber estado casada anteriormente con el boxeador
Pedro Carrasco, con el que tuvo a su hija
Rocío.
Su
boda, el 17 de febrero de 1995, fue todo un acontecimiento. La finca
Yerbabuena, propiedad de la
pareja, fue el lugar elegido para el enlace, que fue
retransmitido en directo por todas las cadenas de
televisión, y al que acudieron más de 1.600 invitados.
El
papel secundario que José adoptó tras su matrimonio con la tonadillera fue alabado por muchos. El diestro siempre se mantuvo
a la sombra de la carismática cantante, pero eso no quiere decir que no fuera parte importante para la mujer y la
artista.
Todos tenemos grabados en la retina la cantidad de imágenes en las que el maestro besa con ternura a la cantante mientras ella posa de manera estudiada cerrando los ojitos. Pero Rocío quiso compensar todo ese
amor a José y cumplir con él su
deseo de ser padre. Por ello, en 1999 adoptaron a sus dos hijos,
José Fernando y
Gloria Camila.
La
relación de la pareja con la prensa estuvo llena de altibajos. Sus apariciones en fiestas, eventos, programas de televisión y revistas del corazón eran habituales. Compartían con los periodistas un vínculo tan fuerte, que
Rocío Jurado no dudó en compartir con ellos
el momento más difícil de su vida: su enfermedad.
También entonces, Ortega Cano estuvo a su lado, y no se separó hasta la madrugada del 1 de junio de 2006 cuando la chipionera
se despidió para siempre.
Amador Mohedano, hermano de la
artista, fue el encargado de comunicar que Rocío no había conseguido superar el cáncer de páncreas que le habían diagnosticado.
José seguía a su lado.
La
muestras de cariño a la
familia no tardaron en llegar. Multitud de rostros conocidos y millones de personas anónimas quisieron darle el último adiós a la cantate y mostrar su apoyo a la familia.
Ortega Cano de
luto, del que nunca se ha despojado, estaba destrozado, pero no dejó sola a su mujer, su
amor, en el día de su entierro: el día en el que
Rocío Jurado fue, más que nunca, "la más grande".