Fino, grueso, liso, rizado, seco, graso... Dime qué tipo de pelo tienes y te diré cómo cuidarlo.
Seco, graso, rizado, quebradizo… el cabello es un elemento importantísimo en el conjunto de nuestra imagen. Si luce sano, fuerte y brillante, seguro que te verás bien frente al espejo. Pero junto a los cuidados básicos y generales son necesarios
productos y tratamientos adecuados a sus características específicas ¿quieres saber cuáles son?
Cada tipo de cabello es “un mundo” y conocer cómo es tu
pelo es el primer paso para tratarlo y poder sacarle el máximo partido a su
belleza natural. La tendencia al encrespamiento, la excesiva presencia de grasa o, por el contrario, el
pelo demasiado seco y quebradizo mejoran notablemente e incluso
tienen solución definitiva con unos cuidados acertados.
Existen una serie de consejos muy sencillos que debes tener en cuenta sea cual sea tu tipo de cabello y que hacen referencia a los
tres pasos básicos de su tratamiento:
1. Lavado. Existen mil teorías sobre cuándo lavar el
pelo, y como suele ocurrir, la correcta es la más lógica, es decir, el
pelo se lava cuando está sucio. Hazlo siempre con productos específicos para tu tipo de cabello, aclarando a fondo y con agua no demasiado caliente.
2. Secado. No restriegues con la toalla y no tengas “el turbante” puesto más de unos minutos. Seca el cabello
con suavidad, apretando cada mechón con delicadeza de forma que el agua pase a la toalla sin dañar las fibras capilares.
No abuses del secador ni de la plancha y, si los necesitas, aplica antes un producto que lo proteja frente al calor.
3. Acondicionado. Utiliza cremas, mascarillas o serums siempre adecuados a tus características y desenreda y peina con instrumentos idóneos.
Un peine o cepillo de calidad es una excelente inversión.
Cuidados específicos
Partiendo de estas simples normas básicas para tu salud capilar, hay que tener en cuenta los tratamientos específicos que necesita tu
pelo, según sus características, para lucir espléndido.
Cabello seco
Aparte de su aspecto apagado, el principal problema de este tipo de
pelo es que la falta de una adecuada hidratación hace que las minúsculas escamas de
queratina que cubren cada una de las fibras se “levanten” haciendo que el cabello pierda su protección natural. La consecuencia es un
pelo áspero y quebradizo.
La solución radica en aportarle una hidratación extra utilizando un
champú y un acondicionador a base de aceites como el de almendra, jojoba u oliva. En estos casos es imprescindible la
aplicación semanal de una mascarilla o un tratamiento rehidratante intensivo una vez a la semana.
Las
puntas abiertas son otro inconveniente habitual. Si están muy deterioradas lo mejor es cortarlas y si aún tienen remedio utiliza algunos de los
serums indicados para “sellarlas” que encontrarás especialmente en tiendas de productos de peluquería. Unas gotas tras el lavado harán que recuperen su aspecto saludable en pocas semanas.
El cabello seco es, además,
muy sensible a los agentes externos. El sol, el cloro de las piscinas, el salitre marino o la polución son sus enemigos porque aumentan su sequedad, por lo que tendrás que utilizar algún producto protector (parecidos a los que existen para aplicar antes de usar el secador) especialmente de cara al
verano, que ya está aquí.
Cabello graso
Su origen está en una disfunción en el cuero cabelludo que hace que la producción de la grasa que el cabello necesita para mantener su hidratación y flexibilidad sea excesiva. El resultado es un
pelo apelmazado y de aspecto descuidado.
La solución no es lavarlo constantemente, sino hacerlo con un champú específico y no agresivo que regule, de forma progresiva, las secreciones sebáceas.
En este caso, si utilizas acondicionadores o mascarillas deben ser siempre de características astringentes, es decir, que controlen la producción de grasa. Los de
extractos vegetales o base de aceites de limón o manzana son muy efectivos. Los productos en formato cera o gel, totalmente prohibidos.
Si la presencia de grasa persiste puede que la causa esté en
un desequilibrio alimentario, hormonal, o en un problema dermatológico por lo que deberás consultar a un especialista.
Cabello rizado
En primer lugar, un
pelo rizado puede ser el más bonito y el más “chic” si lo sabes tratar. Su único inconveniente es que
tienes que vigilar su hidratación para tener unos bucles flexibles y bien definidos, poniendo especial cuidado a la hora de peinarlo.
Aplica champús, acondicionadores y mascarillas indicados para ellos, que ayuden a marcarlos, y no los cepilles.
Péinalos con un peine de púas anchas y separadas (tipo tridente) y siempre de
madera para evitar el efecto de la electricidad estática.
Cabello muy fino o muy grueso
Existe en el mercado una amplia gama de productos destinados a aportar más
volumen a un
pelo sin cuerpo. Las mascarillas nutritivas y las espumas, a la hora de peinarlo, te pueden ayudar a que luzca más vigoroso. Además,
un buen corte, especialmente a capas, favorecerán su movimiento.
Las mechas anchas también son un “truco” excelente para, visualmente, crear sensación de mayor
volumen. Por el contrario,
evita el uso de ceras o geles fijadores.
En el polo opuesto, el cabello demasiado grueso tiene un buen aliado en los
productos alisadores, cada vez más efectivos, y en los geles, que son perfectos para “domarlo” y esculpir formas y peinados.
Cabello con color
Tiene tendencia a la sequedad, por lo que deberás
utilizar productos hidratantes pero que contengan además propiedades específicas que ayuden a fijar los pigmentos colorantes. En este caso, cuidado con los agentes externos, deberás utilizar
productos con protección especialmente frente al sol.