Érase una vez dos jóvenes que entraban en un concurso de televisión para luchar por un sueño: el de convertirse en estrellas de la música. Se llamaban David Bisbal y Chenoa y, aunque no eran los únicos que estaban dentro del programa sí eran la única pareja que se forjó en la academia de Operación Triunfo.
Lo suyo era, más que un flechazo, un amor de lucha y de compañeros con un objetivo común. También de pasión y muestras sentimentales sobre el escenario. Hasta que otra joven princesita se cruzó, mucho más rica, más guapa y con "más posibles", tres años después de la salida de la pareja del concurso, en el camino del príncipe de los rizos de oro.