Mónaco y, por extensión, todo el mundo, estaba expectante. Cuando se acaba de celebrar la boda Real entre el Príncipe Alberto de Mónaco y la ex nadadora Charlene Wittstock, tras el enlace civil que tuvo lugar ayer en presencia de 800 invitados, ya se ha producido el desfile de herederos y celebrities internacionales que se dirigieron a un enlace de esos que hacen historia.
La boda católica ha tenido lugar en la plaza del Palacio y a la cita estaban invitadas 3.500 personas incluyendo jefes de Estado y algunas de las casas reales europeas. La ceremonia ha sido oficiada por el arzobispo de Mónaco, Bernard Barsi, y comenzó, como señalaban las previsiones, a las 17:00 horas y ha finalizado una hora y media después.
Siguiendo el programa ceremonial, tras el "sí, quiero" religioso, la pareja se desplazó a la Iglesia de Santa Devota, patrona del Principado, para que la novia, tal y como manda la tradición, depositara su ramo al igual que hizo la princesa Grace en 1956 el día de su boda con Rainiero III. Para ello, el príncipe Alberto II y la princesa Charlene acudieron a ese lugar en un descapotable, un Lexus LS 600h Landaulet, elegido especialmente para esta ocasión única, en el que regresaron a Palacio.