Quizá más de una vez las hayas sufrido aunque no las hayas identificado como tal, pero... ¡cuidado! Las quemaduras solares son un problema que se produce cada vez con más frecuencia e intensidad... y que pueden llegar a ser muy delicadas.
En realidad, este tipo de lesión no es más que la consecuencia de una exposición a la acción de los rayos ultravioleta de forma inadecuada.
Las quemaduras solares pueden ser de primer o de segundo grado. Las primeras se caracterizan por un enrojecimiento suave y rosado de las capas superficiales de la piel o epidermis y suelen desaparecer en tres o cuatro días. Las quemaduras de segundo grado afectan también a las capas internas de la piel, presentan un color rojo intenso y producen ampollas que se curan al cabo de 8 o 10 días. En ambos casos la células lesionadas de la piel se desprenden y son sustituidas por otras.
Las personas más propensas a sufrir quemaduras cutáneas son las de piel blanca, pelo rojizo o rubio y ojos claros. Pero este mayor índice que registran los "rasgos nórdicos" responde a una cuestión puramente orgánica: su piel no posee tanta melanina, el pigmento que protege de la acción de los rayos solares. Por ello, quienes tienen una piel muy oscura o negra se encuentran muy protegidas por una mayor cantidad de melanina y consiguen broncearse sin quemarse.