Aunque hace pocos años que se aplica en exclusivos centros de estética y en spas, la
moxitoterapia es, en realidad,
una antigua terapia de origen asiático (China y Japón) que se basa en la estimulación, mediante el calor, de los puntos energéticos de nuestro
cuerpo con fines principalmente terapéuticos.
Es una técnica milenaria, ligada a la
acupuntura pero con importantes diferencias, ya que en este caso, no hay agujas, sino que se trata de aprovechar la combustión de determinadas
hojas de plantas medicinales o con propiedades específicas para que actúen en el organismo.
Los distintos tratamientos actuales de moxitoterapia combinan los
masajes, la presión en puntos estratégicos y el uso de las denominadas
moxas, varillas parecidas a las de incienso, elaboradas con distintas plantas. Las moxas originales, utilizadas en Oriente durante siglos, eran una especie de bastoncillos formados por las
hojas pulverizadas de la planta artemisa, conocida y valorada desde la antigüedad por sus importantes propiedades sedantes y antiinflamatorias. Las moxas que se utilizan en los tratamientos actuales siguen siendo elaboradas de manera artesanal con hojas de 12 plantas y
hierbas aromáticas distintas (secadas, trituradas y prensadas en forma de varilla).
Pino, olivo, equinácea y la propia artemisa forman parte de esta composición casi “mágica” que arde para proporcionar bienestar y relajación.
La moxa es el elemento clave de la moxitoterapia, que puede utilizarse tanto en tratamientos corporales como faciales. Para aplicarlas en cuerpo o
rostro con total seguridad,
la moxa, ya encendida, se introduce en una especie de bolígrafo -puntero de acero llamado reyanki que cuenta con una serie de orificios por los que saldrá el calor y el aroma particular que desprende la amalgama de las distintas plantas-. La especialista en esta técnica irá
deslizando el bolígrafo por toda la zona a tratar, deteniéndose en aquellos puntos energéticos que se pretenda estimular mediante el calor.
Una sesión de moxitoterapia
Sola o como complemento a otras terapias, la moxitoterapia es totalmente
compatible con cualquier otro tratamiento de
belleza, ya que, su fin último es obtener el bienestar total eliminando tensiones y buscando el equilibrio entre cuerpo y mente. Los centros especializados en esta técnica convierten una sesión en
un momento único de total relajación que además puede aportar importantes beneficios para la salud y la estética entre los que destacan:
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Alivio de contracturas, dolores musculares, reumatismo.
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Mejora en la circulación sanguínea y linfática (ayudando a corregir la retención excesiva de líquidos).
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Perfecto antiestrés.
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Indicado frente a afecciones cutáneas como eccemas o acné, mejora general del aspecto de la piel.
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Efecto antiinflamatorio.
Lo habitual, es iniciar la sesión con
un masaje profundo desde la planta de los pies (tratando los puntos estratégicos de la reflexología podal en caso de dolencias o disfunciones específicas)
hasta la cabeza (masaje craneal y capilar). En ocasiones, este masaje puede ser el vehículo perfecto para aplicar, por ejemplo, algún tratamiento corporal hidratante o reafirmante.
Tras esta profunda relajación
se prende la moxa y se introduce en el reyanki. El olor de las distintas plantas actúa como una magnífica y agradable
aromaterapia. Además, a medida que la esteticista desliza el “bolígrafo” por los distintos puntos del cuerpo o la cara, el calor ejerce su capacidad terapéutica para eliminar la tensión y los posibles dolores musculares, al tiempo que recarga de energía positiva cada una de las zonas tratadas.
El resultado es
una sensación de profundo bienestar y una absoluta relajación de los distintos grupos musculares (incluidos los del rostro, por lo que el aspecto de la piel mejora de forma evidente).
Por sus múltiples beneficios, la moxitoterapia se está convirtiendo en
uno de los tratamientos más demandados en la actualidad, especialmente cuando existen cuadros de
ansiedad o ante acontecimientos que requieren una relajación previa (perfecto para
novias en vísperas de su
boda). ¿Te animas a probar?