Pueden llegar a ser muy molestas y en
verano proliferan especialmente por varias causas. Con las temperaturas elevadas, nuestro organismo regula su temperatura eliminado más sudor. Por otra parte, la época estival es en la que nuestra
piel está más expuesta a “agresiones” externas en forma de exposiciones solares, baños en el
mar (salitre) o
piscina (cloro)... Todo ello hace que
las irritaciones cutáneas sean algo común. Además, hay que añadir otros factores como la mayor presencia de insectos o el uso de zapatos que no utilizamos normalmente (esas sandalias de tiras tan sexys perfectas para una cena y baile de verano).
Lo más importante después de exponerse a los rayos de sol es la hidratación
Una rozadura puede arruinar más de un paseo después de un agradable día de playa, porque la piel irritada pide a gritos soluciones inmediatas. Una ducha con agua templada que elimine cualquier partícula de salitre o arena es fundamental. Del mismo modo, una hidratación profunda que le devuelva su equilibrio y neutralice los efectos de los rayos solares es igualmente importante. Pero, junto a estos cuidados básicos y habituales, pueden surgir otras pequeñas complicaciones que requieren una atención especial. Algunos ejemplos:
Inflamación
Puede que tu piel presente una ligera inflamación debida al exceso de sol. En estos casos,
aplica una suave mascarilla refrescante mezclando un yogur natural con un cuarto de papaya triturada o con medio pepino rallado. El efecto es inmediato (aplica en la zona y deja que actúe al menos diez minutos). La piel lo agradece y recupera su tonicidad, restableciéndose con rapidez de la agresión solar.
Granitos
Otro de los problemas comunes del verano es la aparición de pequeños granitos, especialmente en la zona de los hombros/brazos. No te alarmes, es muy normal debido a la acumulación de sudor y a la ligera obstrucción de los poros. Un truco muy efectivo es realizar
una suave exfoliación de la zona afectada con una mezcla que incluya unas cucharadas de aceite de oliva (4-5) con una de sal gruesa. Empapa un algodón en este preparado y pásalo con movimientos circulares por la zona. Libre de impurezas y con los poros abiertos podrás
aplicar una crema hidratante que resulte aún más efectiva.
La caléndula y el aloe vera, dos regeneradores de la piel
Picaduras, cortes y rozaduras
Si tienes cualquier pequeña pero molesta herida causada por una picadura de insecto, un corte superficial, o una incómoda rozadura debida al “estreno” de un maravilloso calzado veraniego, tienes a tu alcance dos tesoros de la naturaleza con altísimo poder desinfectante y cicatrizante:
el aloe vera y la caléndula. Su poder para regenerar la piel resulta realmente sorprendente y pueden convertirse en tu aliado frente a las irritaciones. El aloe se da en lugares secos, de clima cálido, así que no es difícil encontrar esta planta en numerosos lugares de veraneo. Si tienes una a mano, no lo dudes, corta una de sus duras hojas y aplica directamente el jugo, por ejemplo, en una dolorosa ampolla del pie. Otra solución es mezclar unas gotas de su aceite esencial con otro aceite neutro (oliva o almendras) y obtener un magnífico elixir anti picaduras y anti rozaduras.
Por su parte, la caléndula tiene propiedades similares. Hierve unas hojas de esta planta en abundante agua con una cucharada de sal y reserva en un recipiente apropiado (mejor cristal).
Puedes tener una cantidad preparada en formato spray (fácil de llevar) para aplicar con rapidez en caso de picaduras (medusas incluidas).
Si eres de las que prefiere prevenir antes que curar, prepara un baño relajante y muy refrescante para tus pies antes de calzarte unos zapatos perfectos para una noche de verano que incluya baile hasta el amanecer. Añade al agua templada
unas gotas de aceite de romero y unas de zumo de limón. Tus pies aguantarán perfectos toda la velada y prevendrás la aparición de las molestas rozaduras (¡no falla!).
Limpia los pies después de ir a la playa e hidrátalos
Ante una picadura de lo más inoportuna y dolorosa (por ejemplo la de una avispa) capaz de arruinar una agradable paella al borde del mar, puedes recurrir a dos soluciones exprés. Un algodón empapado en vinagre de manzana o
unas gotas de aceite esencial de árbol de té. También te queda optar por el clásico amoniaco. Rebájalo siempre con agua y ten presente que calma el dolor y escozor pero no es en absoluto bueno para la piel, por lo que, en este caso como en otros muchos, menos es más.