Aunque algunos consideran que es una
tendencia demasiado recargada, la verdad es que
en la mayoría de los casos el estilismo “rococó” resulta de lo más elegante y chic. Ya despuntó en los años ochenta, con las creaciones de
Versace a la cabeza, y esta temporada, ese
look de aires reales y reminiscencias del siglo XVIII vuelve como apuesta segura de este otoño-invierno.
En un primer momento sorprende, pero luego “engancha” con esos
vestidos en telas fantásticas pero de corte muy actual. Por ejemplo, para la noche, los minivestidos clásicos, ceñidos o de atrevidos diseños asimétricos, en terciopelo rojo o negro y con detalles en dorado, causan impacto. Lo mismo ocurre con
las faldas, que se presentan cortas y con delicados encajes o con filigranas en oro o plata.
El secreto para combinar con acierto estas atractivas prendas es llevarlas con un estilismo moderno, para
crear un contraste entre la sofisticación y el toque más “urbano”. Como idea, las aristocráticas minifaldas, con una blusa sencilla, unas medias tupidas y unos elegantes taconazos, pueden ser la base perfecta para un look de diario (esta lujosa tendencia no se limita a la noche o a las ocasiones especiales). Combinadas, también, con una blusa que incorpore sutiles transparencias, son garantía de acierto.
Además del rojo y del negro, destacan como colores básicos de esta tendencia los burdeos y malvas, mas o menos intensos, y el verde oscuro. En cualquier caso,
son tonalidades que transmiten elegancia y en las que resaltan especialmente los apliques-joya o los adornos de discreta pedrería presentes en faldas, blusas o pantalones.
Sobre estos últimos,
merecen especial atención los pantalones rectos o pitillo con tejidos brocados, realmente bonitos, puro rococó pero absolutamente discretos. Serán un must de este invierno y van fenomenal con multitud de prendas, desde una sencilla blusa de corte clásico (tipo camisero para restar sofisticación al conjunto) hasta otra en la que no falten los mini volantes o incluso las “chorreras”, para un look con un toque masculino y súper romántico.
El aristocrático chaleco es también prenda estrella. En terciopelo y con remaches dorados, abierto o cerrado, en negro o rojo y sobre una blusa blanca... una imagen glamurosa y sexy difícil de superar.
Las blusas ultrafemeninas ganan terreno en tejidos como la seda o el encaje, que permiten bonitas caídas y drapeados. Una blusa negra, roja, blanca, verde oliva... con transparencias y filigranas doradas puede convertirse en el centro de todas las miradas (y en un básico para las no tan lejanas fiestas navideñas)
La moda “real” también llega a las prendas de abrigo. Los chaquetones amplios, que recuerdan algo a las casacas, con sus botones dorados y apliques en cuero y los abrigos tipo tres cuartos, también con brocados en mangas o con detalles en terciopelo en la cintura, bolsillos o cuello son la indumentaria ideal para “esconder” tanta elegancia.
Algunos complementos llaman especialmente la atención.
Los bolsos en cuero negro con toques dorados o aquellos adornados con delicados brocados resultan perfectos para este look (o para llevarlos con unos simples vaqueros y a juego con unos originales zapatos del mismo estilo... ¿rococó y jeans?, ¿por qué no?)
Los taconazos, altos y finos son acierto seguro pero también los zapatos de corte ligeramente masculino, con vistosas hebillas quedan genial especialmente con los pantalones con brocados.
Por último, para este look,
joyas las mínimas para no recargar en exceso el conjunto de la imagen.