Paso 1
Limpia tu piel con un jabón neutro o de glicerina. La condición indispensable es que sea muy suave y sin perfumes, respetando tu piel.
Paso 2
Aplica un producto de limpieza de acuerdo a tu tipo de piel, en gel, emulsión o leche, mediante un suave masaje circular con la yema de los dedos. Después, retira el producto con discos de algodón desde el centro hacia fuera.
Paso 3
Tras la limpieza, aplica con un disco de algodón una loción adecuada a tu tipo de piel, refrescante, calmante, astringente…
Paso 4
Hidrata la piel con una crema nutritiva, hidratante o con efecto purificante, conforme a las necesidades de tu piel mediante un suave masaje hasta su completa absorción.