Pastas
Apuesta por las pastas elaboradas con sémola de trigo duro como los espaguetis o los macarrones y cocínalas al dente para que resulten más digestivas y conserven un índice glucémico más bajo. Si son integrales, mejor.
Acompáñalas de salsa de tomate natural, vegetales, carne magra de ave y pescados.
Legumbres
Recupera los reconfortantes y nutritivos estofados de legumbres, eso sí, con verduras.
Si no quieres renunciar a ellas añadiendo al guiso morcilla o chorizo de vez en cuando, pínchalos previamente con un tenedor, caliéntalos un par de minutos y retira la grasa que hayan soltado antes de añadirlos a la cazuela.
Las legumbres como las lentejas, la soja o la alfalfa pueden germinarse para consumir en crudo, son muy fáciles de digerir, regulan el tránsito intestinal, aseguran un elevado aporte nutritivo y suman pocas calorías.
Los germinados son excelentes en ensaladas y como guarnición de carnes y pescados.
Vegetales y patatas
No dudes en consumir las verduras en crudo, conservarán intactos sus nutrientes y sabor original. En el caso de que por su riqueza en celulosa generen malas digestiones, cocínalas al vapor, si es posible, sin pelar y troceadas en porciones grandes.
Si se cuecen, reduce al mínimo las pérdidas de vitaminas evitando dejarlas en remojo y procurando que estén poco tiempo al fuego.
En el caso de las patatas, lo más saludable es cocinarlas con su piel, cocidas al vapor o asadas en el horno o microondas. Eso sí, evita consumir la piel, ya que puede contener residuos contaminantes.
Carnes
Si cocinas piezas enteras, aplica al principio alta temperatura a fin de que se forme una costra que ayudará a retener los jugos de la carne. Después, reduce el calor para que el interior se vaya cocinando lentamente.
Para elaborar hamburguesas y albóndigas, elige carnes magras de ternera, pollo… y elimina previamente la grasa visible.
Pescados
El pescado es una joya alimentaria que como mínimo deberás incluir dos veces a la semana. Lo ideal es apostar por el pescado azul, rico en ácidos grasos omega 3.
Cocínalo de un modo sencillo, al vapor, al horno, a la parrilla, en papillote…, y aromatízalo con hierbas aromáticas.
Frutos secos
No renuncies al placer de consumir frutos secos como almendras, nueces, avellanas… y añadirlos a tus platos, son sanísimos y constituyen una fuente de proteínas, fibra, vitaminas y grasas equilibradas inestimable. Diversos estudios confirman que las mujeres que siguen una dieta mediterránea y comen frutos secos pierden peso más fácilmente. Eso sí, consúmelos naturales, su valor nutritivo se altera cuando están fritos, salados o tostados, ya que con el calor se destruyen vitaminas. Si son salados el contenido en sodio se dispara y favorecen la retención de líquidos. Las versiones fritas incluyen frecuentemente aceite de palma o de coco, grasas saturadas que no le hacen ningún favor a tus arterias ni a tu silueta.