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Nueva York y sus terrazas

Por: Adriana Troncoso EFE » 07/01/2009

Los neoyorquinos encuentran en los espacios al aire libre una forma de escapar del estrés que se respira en la gran ciudad, ya sea en parques, terrazas, azoteas, o patios de restaurantes. El caso es poder disfrutar del ambiente de la Gran Manzana tranquilamente y, para eso, las terrazas son la mejor opción, teniendo en cuenta que en la “capital del mundo” prácticamente no hay bancos donde sentarse y reponer fuerzas.

  • Algunos de estos lugares abren todo el año, por lo que no hay que esperar hasta el verano para apreciar las vistas. En Nueva York se puede salir de copas en un rascacielos los 365 días del año.
  • Las terrazas son uno de los baluartes clásicos de la oferta de ocio estival en general,  pero en la Gran Manzana, debido al frío del invierno, se disfrutan de manera especial. Sólo en Manhattan los organismos especializados en turismo calculan que hay más de 25 “terrazas de altura” donde el aire es fresco, las vistas son espectaculares y las bebidas se suelen servir en vasos de plástico, para evitar daños en caso de caída.
  • Azoteas exclusivas son las del restaurante Sushi Samba 7 (situado en el West Village, que sirve una fusión de comida brasileña, peruana y japonesa) y el local Bed New York, en la calle 27 con la décima avenida, que sirve para bailar y tomar copas por las noches y después hacer un brunch los fines de semana. Todo ello encima de unas camas enormes que sustituyen a las sillas y las mesas.

En Nueva York han adoptado más que satisfactoriamente la tradición mediterránea de las mesitas al aire libre en bares y restaurantes para disfrutar del buen tiempo. En la mayoría de los casos falta la brisa del mar, pero en su lugar se pueden admirar los rascacielos y el ambiente de la Gran Manzana, que es muy animado cuando las temperaturas permiten quitarse las bufandas.

Lo curioso de Nueva York en esta cuestión es que el concepto de terraza va más allá de las típicas mesitas a las puertas de los restaurantes, o los locales con un patio al aire libre. Los hosteleros de la ciudad avanzan hasta el siguiente paso, y aprovechan precisamente lo que atrae a los turistas para convertirlo en un momento de ocio.

Lo que se lleva aquí es lo que denominan “rooftop gardens”, es decir, azoteas de grandes edificios que se decoran y acondicionan para hacer al mismo tiempo de sitios para salir de noche y de lugares para comer o tomar algo a media tarde.

ESPLENDOR VERANIEGO

Como es habitual en Nueva York, hay gran variedad de todo, y las terrazas no iban a ser menos: las hay exclusivas o abiertas al público, en hoteles o edificios de oficinas, para desayunar, para disfrutar del atardecer o para bailar en plena noche. De este modo, se puede pasar todo un fin de semana en las alturas.
Evidentemente, la época de esplendor de estos lugares es desde junio a septiembre, cuando los neoyorquinos pueden deshacerse de los guantes y las bufandas para salir a la calle y estar al aire libre.

Las terrazas son uno de los baluartes clásicos de la oferta de ocio estival en general, pero en la Gran Manzana, debido al frío del invierno, se disfrutan de manera especial. Sólo en Manhattan los organismos especializados en turismo calculan que hay más de 25 “terrazas de altura” donde el aire es fresco (excepto por el humo del tabaco), las vistas son espectaculares y las bebidas se suelen servir en vasos de plástico, para evitar daños en caso de caída.

Todo un clásico de los veranos en Nueva York es la terraza del Museo Metropolitan, que abre desde finales de abril a finales de octubre. Allí se sirven sandwiches, refrescos y algunas bebidas alcohólicas, de 10 de la mañana a 4.30 de la tarde de martes a jueves, y hasta las 8.30 de la tarde los fines de semana. Lo mejor, a parte de las vistas a Central Park, es poder tomar algo y después continuar viendo el museo. De hecho, la terraza se convierte en centro de arte en sí mismo, puesto que cada año se exponen allí obras de algún artista contemporáneo.

Entre las opciones preferidas por los neoyorquinos también están las azoteas de los principales hoteles de la ciudad, que ofrecen unas vistas espectaculares de Manhattan, especialmente de noche.
Así, el paciente público espera colas de horas para poder entrar en una de ellas, que siempre están repletas en las noches de verano.

Uno de los que están más de moda es Plunge, que se sitúa en el piso 15 del hotel Gansevoort. Desde la azotea de este edificio, que incluye un spa y una piscina climatizada, se tienen unas magníficas vistas del río Hudson desde el refinado Meatpacking District, a la altura de la calle 14, en la zona oeste de Manhattan.

Si se busca un poco más de tranquilidad y más facilidad de acceso, aunque sin renunciar a las vistas, también son buenas opciones los tejados de los hoteles Hudson (en la parte oeste, a la altura de la calle 58), y del Roosevelt, en la calle 46 con Madison (la terraza se llama Mad 46).

DE COPAS EN UN RASCACIELOS

Otras azoteas exclusivas son las del restaurante Sushi Samba 7 (situado en el West Village, que sirve una fusión de comida brasileña, peruana y japonesa) y el local Bed New York, en la calle 27 con la décima avenida, que sirve para bailar y tomar copas por las noches y después hacer un brunch los fines de semana. Todo ello encima de unas camas enormes que sustituyen a las sillas y las mesas.

Pero sin duda, uno de los lugares más atractivos y originales es el Water Taxi Beach, una playa artificial situada a la orilla del East River en la parte de Queens, a la altura de la calle 50. Es un lugar ideal para toda la familia, puesto que abre a mediodía, y pueden ir los niños con sus padres a comer, a tomar el sol y a jugar al voley playa. Ya cuando anochece se convierte en una terraza con música, en la que se puede bailar mientras se disfruta de unas vistas privilegiadas de todo Manhattan iluminado, con los edificios recortados contra el horizonte.

La buena noticia es que algunos de estos lugares abren todo el año, por lo que no hay que esperar hasta el verano para apreciar las vistas. En Nueva York se puede salir de copas en un rascacielos los 365 días del año.
 
Para hacer este plan, uno de los sitios más recomendables de la ciudad es 230 Fifth, situado en la Quinta avenida, entre las calles 26 y 27. No hay que pagar para entrar, también sirven comida y es lo suficientemente grande como para no sentirse como sardinas enlatadas.
Abre de 4 de la tarde a 4 de la madrugada, y no importa el tiempo que haga. En caso de frío, a los valientes que quieran estar al aire libre se les proporciona un llamativo y abrigado albornoz rojo. Y si las condiciones climatológicas son demasiado adversas, el local cuenta con una parte cerrada.

Pero lo mejor, sin duda, son las vistas. Con el Empire State enfrente, es un lugar muy frecuentado por los incansables trabajadores neoyorquinos, que se reúnen allí al salir de la oficina. Se respira un ambiente tranquilo, y, aunque hay música, lo más común es sentarse a tomar algo, o permanecer de pie charlando.
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