En el verano muchos son lo que deciden seguir un régimen para perder peso. Los especialistas en nutrición advierten de que con las dietas rápidas se pierde agua y que, cuando se abandonan, el temido “efecto rebote” hace que se recupere lo que se ha perdido, pero en forma de grasa.
Cada año por estas fechas, en torno al 75 por ciento de las personas que padecen sobrepeso inicia una dieta por su cuenta, bien porque se ha enterado del régimen de adelgazamiento por algún medio de comunicación, o se lo ha comentado un vecino o familiar, pero solo el 20 por ciento solicita consejo médico, según el presidente de la
Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO), Basilio Moreno.
El experto considera que, "en la época de vacaciones estivales la gente quiere "atajos" para perder peso y recurre a estas
dietas rápidas, como la de la clínica Mayo o las hiperproteicas, algunas de las cuales pueden provocar hipertiroidismo o trombosis mesentéricas, y cuando menos el temido “efecto rebote” por el que se recuperan los kilos perdidos, y a veces algunos más".
Esta recuperación se produce porque, en general, las personas que inician con entusiasmo estos regímenes los abandonan totalmente antes de tiempo produciéndose efectos indeseados en el organismo.
Por otro lado, los datos estadísticos facilitados por la SEEDO indican que más de un 77 por ciento de las personas que inician dietas de forma periódica lo hacen por razones estéticas mientras que el 38 por ciento lo hacen por motivos de
salud.
DEFICIENCIAS DE OLIGOELEMENTOS
Entre los peligros de las dietas rápidas, también conocidas como dietas milagro, figuran algunos tan preocupantes como deficiencias de oligoelementos (proteínas, vitaminas y minerales), trastornos como la anorexia o la bulimia, o la aparición de efectos psicológicos negativos.
"Todas son peligrosas y algunas han sido incluso mortales, como la de la proteína líquida que se popularizó en Estados Unidos en los años 70", recuerda Moreno.
Para reconocer una dieta milagro las autoridades españolas de
salud identifican tres señales inequívocas: que prometan perder más de cinco kilos al mes, que aseguren que se pueden llevar a cabo sin esfuerzo y que afirmen que no tienen riesgos para la
salud.
El Ministerio de Sanidad español ha incrementado en los últimos años los controles sobre la publicidad de las dietas milagro que “a veces rayan en la publicidad engañosa” y pueden ser una "puerta de entrada" a la anorexia y la bulimia, según confirmaron altos responsables del departamento.
El problema publicitario reside en que durante el primer mes sí es posible que se consigan rebajar algunos kilos, pero no en las semanas o meses posteriores. Además, en los mensajes se suelen incluir citas de personajes famosos que supuestamente las han seguido, pero a veces no están suficientemente contrastadas.
El objetivo de estas iniciativas públicas es trasladar a la sociedad el mensaje de que el tratamiento para perder peso debe ser personalizado y siempre bajo control médico.
MÁS KILOS DE LOS QUE SE TENÍAN
Estas campañas oficiales de lucha contra la obesidad parten de la nefasta experiencia de que en los modelos de tratamientos cíclicos de adelgazamiento se observa la aparición del “efecto rebote”, por el que se alcanza un peso mayor que el inicial durante la realimentación posterior a un período de dieta.
En un tratamiento cíclico de dieta hipocalórica con rebote, el resultado es un incremento escalonado del peso a lo largo del tiempo, coincidiendo con los períodos de reducción de la ingesta: un efecto exactamente opuesto al que se pretendía conseguir a medio o largo plazo.
Según el doctor
M. Alemany, catedrático de Bioquímica de la Universidad de Barcelona (noreste de España), "este “efecto rebote” es muy común y produce una gran desesperanza en quien la sufre, además de que va unido a un claro incremento de la obesidad al mejorar la capacidad de adaptación del
cuerpo frente a dietas con menor contenido energético".
Esta capacidad de acumulación permite que una porción de los
alimentos que se ingieren durante la etapa del régimen de adelgazamiento se acumulen en forma de reservas, si los sistemas de ajuste del peso corporal “lo consideran adecuado”.
La adaptación del organismo a la reducción de la ingesta hace que, por un lado, se aumente la capacidad de ajuste a la situación hipocalórica, y por otro se incremente el volumen de reservas como elemento de corrección para hacer frente a los repetidos períodos de insuficiencia energética de la dieta. Asimismo, al descender el gasto energético se cuenta con mayor cantidad de energía para acumular grasa en los períodos de disponibilidad del alimento.
"Esta capacidad de adaptación -dice Alemany- puede ser por sí misma una causa de obesidad, o al menos del salto cuantitativo de un sobrepeso a una obesidad manifiesta y poco menos que intratable".
SÍNTESIS DE GRASAS BLOQUEADA
Durante el período de dieta hipocalórica se produce una penuria energética que se traduce en un aumento de la acumulación de grasas, cuya síntesis queda bloqueada por una falta de sustratos con los que proceder a la metabolización de esos elementos, así como por “la ausencia de un ambiente hormonal que favorezca la degradación”, afirma Alemany.
La ruptura de la dieta supone la llegada de alimento en abundancia, con lo cual se disparan los niveles de insulina y se favorece la conversión de glucosa en grasas y la rápida incorporación subsiguiente de éstas al tejido adiposo.
Para el catedrático de Bioquímica, "el peligro de cronificación del “efecto rebote”, debido a la inconstancia en el seguimiento de las dietas, es muy serio y de graves consecuencias para el individuo y la sociedad".
Alemany compara los riesgos del “efecto rebote” con la utilización indiscriminada de antibióticos, que permite la proliferación de cepas microbianas resistentes de impredecible efecto en el futuro.
Aparentemente, los problemas derivados del seguimiento inadecuado de dietas no se “contagian”, fisiológicamente hablando. Afectan solo a la persona que no ha cumplido sus objetivos. Sin embargo, Alemany considera que este problema puede afectar en paralelo a muchas personas, “hasta el punto de convertir un cierto sobrepeso de raíces raciales, fisiológicas, o de cualquier otra causa, en una auténtica epidemia de obesidad para la que no existen soluciones inmediatas”.