Cambiar de hábitos es más fácil de lo que crees ¡consíguelo en 3 semanas!

Cualquier costumbre, por antigua y firme que sea, puede modificarse con constancia, decisión... en tres semanas. Los primeros tres días son cruciales para todo nuevo empeño o reto, ¡tú puedes!

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Comer en exceso, abandonarse al sedentarismo, postergar las tareas y proyectos una y otra vez, discutir sin necesidad…Cualquier costumbre, por antigua y firme que sea, puede modificarse con constancia, decisión... en tres semanas. Los primeros tres días son cruciales para todo nuevo empeño o reto.

"Primero hacemos nuestros hábitos y luego nuestros hábitos nos hacen a nosotros", ha señalado John Dryen, el prestigioso poeta, crítico literario y dramaturgo de la Inglaterra del siglo XVII.

"Diversos estudios en lo referente a la conducta humana parecen darle la razón a Dryen, por que indican que es absolutamente necesaria la perseverancia para inculcar un nuevo hábito en la conciencia humana", explica Raúl Vincenzo Giglio, profesor de yoga y meditación, experto de la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal.

En alguno de esos estudios, añade, incluso se concreta que "es imprescindible mantener una determinada práctica durante veintiún días consecutivos para que la mente neuronal la asimile como parte fundamental de su esquema, es decir se habitúe a su empeño, se cree el hábito", comenta el experto.

"Con un poco de atención y algo de dedicación, las costumbres negativas pueden transformarse en positivas. Ese trabajo de cambio psicológico consigue que la persona tenga más confianza en sí misma, que mejore su autoestima, y además le ayuda a conseguir las metas que se propone", señala la psicóloga británica Vera Peiffer, experta en técnicas para superar los hábitos.

La psicóloga explica que el hábito "es una rutina que asocia una situación determinada y una respuesta automática. Lo mismo que nos cepillamos siempre los dientes antes de acostarnos, o llamamos siempre a la familia cuando hemos llegado a la meta de un viaje, el hábito problemático también se reproduce, de manera regular e invariable, siempre que se presenta una situación particular".

Según Vera Peiffer, "la razón de que los triunfadores consigan enfrentarse a sus malos hábitos y otras personas no, es que los primeros ponen en marcha el cambio, y los otros no".

"Aunque sólo haga cinco minutos de ejercicio al día, la persona que se ejercita durante ese breve lapso, lleva ventaja respecto de la que no hace nada de gimnasia. Hasta un pequeño cambio es mejor que ninguno", señala Peiffer.

Para dar el primer paso en cualquier cambio de hábitos, la experta sugiere plantearse la pregunta: "¿Qué es lo que en mi fuero interno se que debo hacer? La contestación está ahí, porque todos sabemos lo que conviene hacer cuando estamos atrapados en una rutina", señala. "Cada persona sabe, en su interior lo que debe transformar y también que puede hacer algo comenzando desde hoy mismo. No se trata de intentar algo, que es una manera fina de no hacer nada, sino de hacer algo desde ya", dice Peiffer, porque "la mejor manera de preparar el futuro es atender al día de hoy".

Generalmente la mayoría de las personas empeñadas en un nuevo propósito suelen "arrojar la toalla" tras varias sesiones de prácticas, cuando experimentan la tensión y el desconcierto que siempre lleva asociado la erradicación de viejos hábitos por otros patrones nuevos y desconocidos. "Los nuevos hábitos, al igual que un par de zapatos de deporte, al estrenarlos crearán rozaduras en los primeros tramos del trayecto. Pero si el atleta decide no despojarse de ellos ante las primeras molestias, y seguir adelante recorriendo con ellos muchos kilómetros, los pies y el calzado formarán una unidad con la cual es posible encarar cualquier meta", señala por su parte Vincenzo Giglio.

Según este experto, el ser humano "está programado para resistir al cambio y mantener un estado de equilibrio. Teme al cambio, aún sin saber si puede ser positivo para su evolución".

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Una resistencia llamada "homeostasis"

Este estado es conocido como homeostasis -la búsqueda de una condición y ambiente estable y constante- y ha evolucionado con el paso del tiempo como un medio de supervivencia que facilitaba a nuestros antepasados sobrevivir, en un mundo de constantes cambios y potenciales amenazas. El inconveniente que presenta este mecanismo es que actúa aún en casos en los cuales un cambio sería aconsejable o positivo.

"Esta es la razón -según este experto- por la cual existe la resistencia a adoptar nuevos hábitos y vencer a las fuerzas que impiden a la persona adentrarse en nuevas dimensiones y experiencias en la vida".

"Manteniendo el símil del corredor, si la persona mantiene el compromiso de andar el camino a lo largo de los primeros veintiún días, la energía adicional que le ha dedicado en los duros comienzos se tornará un acto habitual, es decir se transformará en un hábito, que no le supondrá coste de energía adicional", mantiene Giglio.

"Permanecer en el curso correcto de ejecución de un nuevo acto, ya sea correr, meditar, leer, pasear, o cambiar cualquier aspecto del estilo de vida, será a partir del "Dia 21" una empresa sumamente fácil y rutinaria para realizar. Incluso la propia necesidad interior nos impulsará a su realización", matiza el experto.

"Se trata de asumir el Reto de los 21 días, para asimilar la propuesta que estime necesaria: ya sea llevar una nueva alimentación, dejar de fumar, pasear más, leer regularmente o apagar la televisión", señala Giglio.

Una vez fijado dicho proceso, y pasadas las tres semanas, la persona comprobará cómo el inconveniente de la homeostasis habrá pasado a convertirse en su propia ventaja. Si ese período de tiempo es fundamental para establecer una nueva costumbre, las primeras setenta y dos horas son decisivas.

"Un estudio del departamento de psicología de una universidad norteamericana, demostró que si transcurre demasiado espacio desde que nace una idea en la mente hasta el primer paso hacia la materialización de dicha idea, existen mínimas posibilidades de que esa idea de frutos", indica Giglio.

Para el especialista, por lo tanto, si un individuo decide llevar a cabo una idea esclarecedora, como por ejemplo, escribir una carta a un amigo, es importante que el primer paso concreto lo realice a lo largo de esos tres primeros días. "Es decir, hay que dar pasos visibles que creen una realidad que comience a moverse por sí sola. Así se agilizan las fuerzas tanto universales como físicas para conseguir dicho objetivo", concluye Giglio.

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