Las mascarillas faciales actúan tanto a nivel superficial, como en las capas más profundas de la epidermis, consiguiendo plantar cara al envejecimiento cutáneo, borrar los signos de cansancio, rehidratar, reparar, y devolver la luminosidad y tersura a la piel, son, en pocas palabras, el producto estrella para proporcionar belleza de forma inmediata.
Existen distintos tipos de mascarillas, hidratantes, antiarrugas, purificantes, limpiadoras, clarificantes, relajantes… la piel pasa por diferentes estados, dependiendo las necesidades de tu piel en ese momento y los resultados que se pretendan obtener, deberán utilizarse unas u otras o incluso combinarlas adecuadamente entre sí.
Por ejemplo, si sientes tu piel apagada y deseas recuperar su luminosidad, necesitas una mascarilla exfoliante, si presentas una producción excesiva de sebo, requerirás unas mascarilla purificante para eliminar la grasa.
¿Cómo actúan? ¿Cómo usarlas correctamente?
Las mascarillas son aplicadas sobre la piel perfectamente limpia para conseguir que sus principios activos penetren con mayor facilidad durante el tiempo de exposición.
En determinados tratamientos y para obtener aún mejores resultados, después de limpiar a fondo la piel, se efectúa un peeling para eliminar las células muertas y obtener una piel fina y uniforme. La piel estará en condiciones óptimas para recibir la mascarilla.
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Mascarillas caseras
Los tratamientos con mascarillas son una propuesta muy solicitada en las clínicas y centros de estética, pero también, pueden aplicarse en la comodidad del hogar y elegir entre la amplia variedad de mascarillas de la industria cosmética o las mascarillas caseras. Estas últimas son una opción natural muy demandada y con la que pueden obtenerse resultados sorprendentes.