El tipo de alimentación que seguimos influye en el desarrollo del cáncer de mama, siendo demostrado por los resultados que arrojan numerosos estudios sanitarios e investigaciones, que aquellas dietas ricas en grasas y pobres en fibras inciden negativamente sobre la salud y potencian la aparición y el avance de diversas patologías, entre ellas, el cáncer de mama.
Más fibra vegetal
Aquellas mujeres que consumen frutas, verduras y legumbres en abundancia, presentan menos incidencia de cáncer de mama.
Además, las verduras de la familia de las crucíferas, tales como las coles de Bruselas, el repollo, la coliflor o los nabos, poseen un efecto protector contra el cáncer dado su contenido en Sulforafan, componente que fortalece las células que hacen frente a los tumores.
Menos grasa
Consumir demasiada grasa puede estimular el desarrollo de tumores e inclusive crear un entorno favorable en su proliferación.
Por otra parte, un exceso de grasas favorece el aumento de estrógenos, los cuales si se acumulan en grandes cantidades incrementan su actividad incitando a las células del tejido mamario a dividirse, traduciéndose en una mayor posibilidad de que se desarrolle un proceso canceroso.
La recomendación es consumir grasas moderadamente y reducir las de tipo saturado, contenidas principalmente en la mantequilla, lácteos enteros, carnes grasas, embutidos y bollería industrial.