La vida de la artista estuvo rodeada siempre por tres peligrosos compañeros de viaje: el alcohol, las drogas y los problemas con la justicia. Ahora, su trágica y prematura muerte convierte a Amy en el nuevo mito de la música.
El 23 de julio se convirtió en
uno de los días más tristes para el mundo de la música de los últimos años. Sobre las 16:05 horas, la
cantante británica
Amy Winehouse era hallada
muerta, a la edad de
27 años, en su lujoso apartamento del barrio londinense de Camden Square, aunque, hasta el momento,
se desconocen las causas del fatal desenlace de la
cantante. Hoy, la familia enterrará el cuerpo de la joven en una
ceremonia privada.
Su vida ha estado
marcada por la polémica desde que saltó a la fama en 2003 con su primer disco, "Frank", con el que consiguió triple disco de platino en Reino Unido. Su
voz grave y rasgada revolucionó el mundo del soul e hizo de ella una de las inconfundibles. Sin embargo, los
excesos, tanto en su personalidad como en sus malos hábitos,
convirtieron su carrera de éxito en un decadente infierno.
Afán de protagonismo, mujer incomprendida o ambas personas a la vez, Amy representaba la antagonista de la diva de la música, pero consiguió, con su carisma y su peculiar sonido, meterse en el bolsillo a
miles de fans. Ellos, sus seguidores, tardaron apenas unos minutos en acercarse a su casa para rendirle homenaje y demostrar su cariño incondicional al enterarse de su repentina desaparición.
Su
muerte, como no podía ser de otra forma, sigue rodeada de la polémica y las
hipótesis acerca de las causas del fallecimiento no han tardado en llegar. Muchos ven en los trágicos hechos la
crónica de una muerte anunciada a través de la propia música de Amy, en la que la joven hacía un repaso autobiográfico de sus
problemas de adicción, estancias en clínicas de rehabilitación e, incluso, abordaba el tema de la muerte.