Son tantos los preparativos que tienes en mente que el ramo puede quedar en un segundo plano. No debes dejar su elección para el último momento porque es
más importante de lo que pudieras pensar. El ramo es el
complemento más importante de ese vestido con el que tanto has soñado y debe estar en perfecta sintonía con el mismo y con la imagen de conjunto.
El ramo “habla” de ti, de tus gustos, de tu personalidad y hasta de tus sentimientos. Así, un ramo“desafortunado” puede deslucir esa primera impresión a tu llegada o convertirse en un verdadero incordio en el trascurso de la ceremonia.
Lo primero que tienes que tener en cuenta es que se trata de TU ramo.
Hay tantas composiciones florales como novias, por eso déjate asesorar pero elige aquel que más se adapte a tus preferencias, simplemente
el que más te guste, con el que te sientas có
moda y sea un reflejo de tu forma de ser. Ten en cuenta que lo llevarás durante horas (además saldrá en todas las fotos) y que, en los momentos de nervios, lo agarrarás como si fuera tu salvavidas. Al mirarlo tienes que sentirte bien.
Partiendo de esta premisa hay algunos aspectos que debes valorar a la hora de decidirte por su
forma, tamaño y composición. Tus
características físicas (altura, color de piel o de cabello),
el estilo de tu vestido (más o menos clásico, con
velo o sin él, entallado o con mucho volumen…) la
estación del año en la que tenga lugar el enlace, el
sitio de celebración… todos estos factores hacen que un ramo determinado sea más o menos acertado.
Algunos consejos a tener en cuenta
Tamaño y forma
Los
ramos nupciales más comunes son los
bouquet (redondeados), los
tipo cascada o lluvia (con caída), los de forma de l
ágrima (parecidos a los lluvia pero más anchos en la parte superior) y los
alargados (con
flores de tallo largo simplemente atadas y pensados para llevarlos a un lado, apoyados en el antebrazo). La forma y composición de cada uno de estos ramos puede contribuir a mejorar el resultado final, realzando las líneas del vestido y consiguiendo, por ejemplo, una
figura más estilizada, una imagen más
romántica o actual, etc.
Los
bouquets pequeños son especialmente recomendables para
novias menuditas, mientras que los más anchos y de mayor tamaño quedan bien en el caso de mujeres altas.
En cuanto a los vestidos, este tipo de ramo va perfecto con el
estilo clásico y con los de corte romántico, especialmente si están confeccionados con mucho
encaje y pedrería. Piensa que, para mantener un equilibrio y conseguir un resultado armonioso y no recargado, cuanto más adornos tenga el vestido, más sencillo debe ser el ramo (y viceversa). Los bouquets son también los más adecuados en el caso que vayas a llevar
velo, porque cualquier otro podría resultarte algo incómodo.
Los
ramos con caída más o menos pronunciada resultan muy favorecedores sobre todo, si tu
falda tiene un volumen considerable. En este caso aligerarán el vestido y contribuirán a una
imagen más esbelta. Por otra parte, las novias más altas pueden permitirse una hermosa cascada de flores, larga y pronunciada, mientras que si eres bajita deberás elegir una caída más discreta para que el ramo siempre esté en proporción a tu altura.
Las
flores de tallo largo en un sencillo ramo atado están muy de moda estas últimas temporadas porque recuerdan a las flores silvestres recién cogidas y sin mayor elaboración aportando frescura y naturalidad. Quedan muy bien en
vestidos ceñidos tipo sirena y también son perfectos para las novias más modernas que se atreven a casarse de corto.
Colores
Rosas, calas, tulipanes, orquídeas, lirios… todas las
flores son bonitas y tienen su particular encanto. Elige tus favoritas teniendo en cuenta no sólo tus preferencias sino también la época del año (siempre es recomendable decantarse por flores de temporada ya que son mucho más fáciles de conseguir).
Las
combinaciones pueden ser muy variadas, desde las
clásicas rosas blancas hasta
alegres ramos desbordantes de color (quedan genial resaltando sobre el blanco del vestido). Si eres de piel morena y cabello oscuro, un ramo que incorpore alguna flor de tono fuerte como
rosas rojas, tulipanes amarillos o unos lirios de malva intenso te irá de maravilla. Los tonos blancos y pastel favorecen especialmente a las rubias y a las mujeres de piel más clara.
Por último, al hablar del color de tu ramo ten en cuenta dos detalles importantes a la hora de su elaboración: los
adornos florales que habrá en la iglesia y en el lugar de celebración (debe existir cierta armonía entre lo que tú llevas y el entorno) y la época del año, por ejemplo, en
verano y
primavera el sustento de las flores que forman el ramo deben ser
hojas verdes, mientras que los
tonos ocres o las flores “secas”, tipo espiga, van más para las bodas en otoño.