Las dietas proteicas están de moda, pero ¿son la vía más efectiva más efectiva y saludable para adelgazar? Lo descubrimos en este artículo gracias a la dietista Cynthia Rodríguez.
Sabemos que hoy en día están de
moda las llamadas
dietas hiperproteicas o bajas en hidratos de carbono, pero ¿sabemos realmente que ocurre en nuestro
cuerpo cuando aumentamos tanto un nutriente y en consecuencia anulamos otro? El objetivo de este artículo es que todos aquellos que se dispongan a llevar a cabo una dieta de este tipo puedan
conocer y valorar las consecuencias que esto supone, y una vez en ese punto decidir qué camino tomar a la hora de
adelgazar.
Los profesionales de la alimentación solemos referirnos a las dietas altas en proteínas como
“el camino rápido” pues son dietas con las que se reduce
peso drásticamente, pero para nosotros son igualmente conocidos los efectos negativos que esto traerá sobre la salud del paciente. Es por esta última razón, por la que sólo algunos profesionales de la alimentación se decantan por recomendar este tipo de dietas a sus pacientes.
Como dietista me sorprende mucho ver que en general, cuesta tanto aceptar que la alimentación está directamente relacionada con la salud. Con esta nueva tendencia hacia las dietas hiperproteicas son muchas las personas que me preguntan:
“¿Esto tiene consecuencias?” y cuando les respondo, siempre me ponen el ejemplo de algún conocido que hizo una dieta de este tipo, perdió mucho
peso y aunque coinciden en que lo recuperó rápidamente, me contestan sorprendidos “pero no le pasó nada, su dieta sí era sana”.
Ahora yo os invito a hacer una reflexión: Sabemos que fumar es tremendamente perjudicial y todos conocemos a fumadores que gozan de una estupenda salud, ¿significa esto que el tabaco es sano?
Debemos ser conscientes de los enormes cambios fisiológicos que una alimentación inadecuada puede tener sobre nuestra salud. Estos cambios fisiológicos son inmediatos pero lo realmente preocupante son
los problemas patológicos que pueden acarrear a largo plazo. En personas con mayor vulnerabilidad a nivel renal, hepático y cardiaco los problemas de salud pueden manifestarse antes y con mayor agresividad.
Un ejemplo muy representativo de la influencia inmediata de la dieta alta en proteína y baja en carbohidratos sobre el sistema nervioso, es la aplicación de estas dietas en algunos casos de epilepsia. Se las conoce en clínica como
dietas cetogénicas y se usan cuando no resulta posible controlar las crisis epilépticas sólo con la medicación. Con estas dietas se consigue que el paciente entre en cetosis controlada, de modo que las células nerviosas comienzan a nutrirse de
cuerpos cetónicos, el PH de sus fluidos corporales se acidifica y la membrana de las células nerviosas se estabiliza, ralentizando los impulsos nerviosos.
Aun en estos casos en los que resulta necesario recurrir a una dieta tan agresiva, se hace
de forma temporal y controlada. En algunas ocasiones hay que retirar la dieta antes de tiempo sobre todo por problemas cardiacos derivados de los cambios en la capacidad contráctil del corazón.