
Comienza con examinar tu postura delante de un espejo poniéndote de pie y adoptando la postura en la que te sientas más cómoda. Entonces deberás prestar atención a diversos puntos de tu cuerpo para corregir los posibles fallos, toma nota:
Bien: Barbilla ligeramente elevada levantando la cabeza y manteniendo el cuello erguido. Se consigue estirar y relajar la espalda además de que mostrarás seguridad en ti misma.
Mal: Barbilla baja con la cabeza caída y cuello encorvado. Provocará tensión y dolor de cabeza y cuello.
Bien: Hombros ligeramente echados hacia atrás y no encogidos, sin rigidez. De esa forma se endereza la columna y tórax. Brazos relajados.
Mal: Hombros encogidos y echados hacia delante. Provoca que los músculos pectorales pierdan tonicidad y aumenten las molestias en los omóplatos.
Bien: Pelvis algo adelantada tensando ligeramente los músculos abdominales. Conseguirás alargar y estrechar cintura evitando el encorvamiento de la espalda.
Mal: Sacar vientre y a consecuencia arqueo de la espalda.
Bien: Glúteos contraídos y peso trasladado hacia delante hasta sentir el centro de gravedad sobre el eje del cuerpo.
Mal: Sacar glúteos. Solo se consigue sobrecargar los lumbares y provocar molestias, dolores de espalda.
Bien: Rodillas relajadas y pies paralelos y separados un palmo. Se consigue estirar perfectamente la columna vertebral evitando tensión.
Mal: Rodillas tensas y pies muy juntos o descansando el peso del cuerpo sobre una pierna. Puntas de los pies giradas hacia fuera o hacia dentro, aseguras una sobrecarga en la parte inferior de la espalda.