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Cómo hacer germinados en casa

Sus innumerables propiedades hacen de los germinados un alimento a incluir en la dieta de toda la familia. Descubre sus virtudes y toma nota de cómo hacer tus propios germinados.

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Aunque se conocen desde la antigüedad, su consumo habitual en la sociedad occidental es relativamente reciente y se ha incrementado, de forma progresiva, especialmente en los últimos años.

Los germinados son los brotes que producen los granos (semillas) de los cereales y leguminosas. Son, por tanto, un alimento "vivo", el primer paso en el camino que va desde que una semilla inicia su desarrollo (germina) hasta que se convierte en una nueva planta. La germinación es un proceso totalmente natural (nada que ver con los transgénicos) que tiene lugar cuando la semilla encuentra las condiciones de agua, luz y temperatura idóneas que hacen posible su "despertar".

Los brotes más conocidos son los de soja, pero la gran mayoría de cereales y legumbres germinados (también algunos de verduras y hortalizas) son aptos para el consumo humano. Guisantes, lentejas, trigo, cebada, garbanzos, centeno, alfalfa… Lo curioso y lo que los convierte en un alimento de propiedades únicas es que los germinados tienen un valor nutricional más alto que la propia semilla. Como norma general, los brotes poseen una mayor cantidad de vitaminas, aminoácidos, minerales, enzimas y proteínas que su semilla de origen.

Por si esto fuera poco, el proceso de germinación, modifica (por la acción de las enzimas) algunos de esos nutrientes, altamente concentrados en la semilla, llevando a cabo una especie de pre digestión que hace que sean mejor tolerados y absorbidos por el organismo humano. Esta es la razón por la que resultan un alimento adecuado para personas de cualquier edad, incluidos niños y mayores e incluso para aquellos que presentan problemas digestivos. Sus magníficas propiedades y características pueden resumirse en:

1. Su riqueza en nutrientes los hace comparables a las frutas y verduras en cuanto a valor alimenticio.

2. Vitaminas, minerales, proteínas y aminoácidos incrementan su presencia en los brotes de una semilla germinada.

3.
Contienen clorofila (no presente en las semillas) muy beneficiosa para nuestro sistema circulatorio y para controlar el colesterol, además de ser un excelente antioxidante.

4. Son alimentos de alto contenido en nutrientes pero que aportan escasas calorías lo que los convierte en una fuente de vitalidad que, además, limita las grasas.

5. El agua presente en los brotes incrementa sus propiedades depurativas, siendo capaces de ayudar a desintoxicar el organismo.

6. Fácil digestión. El proceso enzimático propio de la germinación hace que muchas proteínas se transformen en aminoácidos más fácilmente digeribles.

7. Poseen propiedades antioxidantes, capaces de combatir los radicales libres, y reconstituyentes.
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Germinados "caseros"

Al ser un proceso absolutamente natural, germinar semillas en tu casa es algo muy sencillo que casi no cuesta dinero y que sólo requiere un poco de tiempo y una dedicación mínima. Necesitarás:
  1. Las semillas. Mejor adquirirlas en una tienda de confianza o en un establecimiento especializado en alimentos ecológicos que garanticen su procedencia y su cultivo sin abonos químicos o pesticidas. ¡Ojo! Elige siempre semillas cuyos brotes sean aptos para el consumo.
  2. Un recipiente de cristal o loza (nunca de metal) con abertura ancha.
  3. Una tela poco tupida o una gasa y algo para sujetarla (una goma, cinta, elástico, etc).
  4. Los tres ingredientes naturales básicos: agua, oxígeno y luz/calor.
Coloca las semillas (grano de arroz, lenteja, guisante…) en el recipiente y cúbrelas con agua abundante. Tápalas con la gasa bien sujeta (el tejido tiene que dejar pasar el aire), y tenlas en remojo entre 10-12 horas (dependiendo de la semilla) para que se hidraten.

Pasado este tiempo cámbiales el agua, enjuágalas y vuelve a sumergirlas en agua limpia. Esta vez el líquido sólo deberá cubrirlas ligeramente (un exceso de agua podría hacer que se pudriesen). Déjalas en un lugar oscuro y cálido, donde la temperatura ronde los 20º.

Poco más tendrás que hacer, sólo recordar volver a enjuagarlas y cambiarles el agua dos veces al día, (los dos primeros días) y sólo una los días posteriores hasta que veas aparecer los pequeños brotes. Cuando éstos ya tengan al menos dos centímetros, debes empezar a exponer el recipiente con las incipientes plantas a la luz del sol de manera progresiva para que tenga lugar el proceso de fotosíntesis y la clorofila haga su aparición en las hojas.

Dependiendo de la semilla, su germinación tardará de 3 a 5 días y, sobre todo si tienes niños, será toda una experiencia "cultivar" y ver cómo crece algo comestible en casa.

Cuando ya tengas los brotes recuerda lavarlos bien antes de comerlos, retirando las semillas que no hayan germinado y comprobando su estado general (confirma que no tienen mal aspecto, moho, hongos o mal olor).

Si quieres puedes conservarlos en la nevera unos días siempre en un bote de cristal bien cerrado. A la hora de llevarlos a la mesa tienes muchas opciones: crudos en originales ensaladas, sándwiches o cocinados en tortilla, salteados o como guarnición.
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