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La dieta del verano: así conseguirás no engordar y llenarte de salud

Ficha estos sencillos y eficaces consejos dietéticos para no engordar en verano y cuidar tu salud a través de una alimentación sana y equilibrada.

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Agencias
¿Quieres afrontar el verano con tu mejor figura y llena de salud? Con este objetivo, la experta en nutrición Manuela Verdejo repasa las reglas de oro que todos deberíamos seguir para evitar el temido efecto rebote, cuidar la salud a través de la dieta y prevenir enfermedades. Solo así podremos afrontar con máxima vitalidad la temporada de otoño e invierno. ¡Toma nota!

Aumenta tu energía

Consume en abundancia alimentos de origen vegetal como las verduras y hortalizas, frutas, legumbres y frutos secos, estos últimos indispensables por su riqueza en grasas saludables y su contenido en fibra. Por ejemplo, puedes añadir piñones o nueces a las ensaladas veraniegas, así como semillas (de amapola, lino dorado o sésamo).

En cuanto a la fruta y vegetales, lo ideal es consumir cinco raciones al día de cada, a ser posible crudas y con su piel, aunque para no caer en la rutina, también puedes preparar licuados o smoothies a los que añadir raíz de jengibre, cúrcuma, canela u otros según el gusto.
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Cereales

Consume cereales, eso sí, que sean integrales, evitando los industrializados, los productos refinados, la pasta y el pan blanco… para cambiarlos por la quinoa (ficha estas recetas con quinoa), el mijo, el arroz rojo salvaje, el bulgur, la espelta o el trigo sarraceno. Estos aportan fibra e hidratos de carbono completos, los cuales deben consumirse a diario. Para el desayuno, apuesta por la avena, ideal para ayudar a bajar los índices elevados de colesterol en sangre.

Aceite de oliva virgen

El aceite de oliva virgen es un imprescindible de la dieta mediterránea. Una fuente de grasas saludables y Omega 3. Elige un buen aceite en botella de cristal y prensado en frío, para la elaboración y aderezo de toda clase de platos.

Más proteína

Otro nutriente indispensable para el organismo, que nos ayudará a reparar y crear músculo entre otras muchas funciones es la proteína. Elige carnes blancas y magras como el pavo o el pollo, y limita las carnes rojas. También es aconsejable aumentar el consumo de pescado, en especial el azul (salmón, anchoas, sardinas…) por su demostrada capacidad para evitar problemas cardiovasculares. Los huevos, que durante muchos años han sido denostados, son siempre bienvenidos, así como los lácteos, en cuyo caso es preferible elegir en sus versiones desnatadas. En caso de intolerancia a la lactosa, cambia la leche por bebidas vegetales de almendra, avena, arroz o soja, y el queso por tofu.

Además, para la regeneración de la flora intestinal y el buen funcionamiento del sistema inmune, no deben faltar los fermentados como el kéfir, en especial el de agua o leche de cabra, que poblarán el organismo de bacterias muy beneficiosas para la salud.
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Evita la comida rápida o “fast food”

Aunque una hamburguesa, una pizza o un perrito caliente son siempre una tentación a la que es difícil renunciar, en realidad puede disfrutarse de vez en cuando, pero siempre y cuando se elabore en casa con productos frescos y de temporada, evitando aquellas que se piden en los restaurantes de comida rápida.

También deben desterrarse los fritos y los productos refinados como el azúcar blanco, que se puede sustituir por stevia, miel, panela o sirope de agave, edulcorantes naturales.

Más agua

Absolutamente necesaria e insustituible, el agua es el auténtico motor del cuerpo. La recomendación de 2 litros diarios, o lo que serían 8 vasos, es aproximada y cada persona debe beber cuando sienta la necesidad, pero intentando acercarse a esa medida. El vino, siempre con moderación y en las comidas.
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