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10 trucos para reducir grasas y calorías en tus recetas

No es tan difícil como crees, ni necesariamente restará sabor a tus platos tradicionales favoritos. La clave está en saber adaptar los distintos ingredientes, buscar sustitutos y poner en práctica formas de cocinar más sencillas ¡toma nota!

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Se trata de trucos realmente sencillos y efectivos. Tenerlos en cuenta, dentro de una dieta equilibrada, es garantía de no ingerir grasas innecesarias que pueden transformarse en kilos difíciles de eliminar. Sin renunciar a ningún alimento ni a platos deliciosos puedes hacer tuyos una serie de hábitos que te vendrán genial a la hora de mantener tu figura. La forma de preparar los distintos ingredientes, de cocinarlos, de condimentarlos y hasta de presentarlos influye en sus calorías totales, así que merece la pena tener en cuenta algunos consejos:

1. Elimina, en crudo, toda la grasa que puedas de cualquier alimento, especialmente de las carnes. Retira la piel del pollo y la grasa que hay debajo de ella, elige carnes magras y recorta en lo posible la parte blanca de la cinta de lomo o las chuletas de cerdo.

2. A la hora de cocinar, limita los fritos y los rebozados optando en lo posible por los alimentos a la plancha. Si tienes que freír, utiliza una buena sartén antiadherente para poder hacer, por ejemplo, una tortilla o un salteado con una cantidad mínima de aceite. Si se trata de platos que requieren mucho aceite para su cocción (calamares, croquetas, patatas fritas…) recuerda colocar en una fuente un papel absorbente (papel de cocina) y deja que escurran en él unos minutos antes de servir. Las servilletas de papel son tus aliadas, presiona ligeramente con ellas la superficie de una pizza o deposita sobre ellas los fritos recién hechos para que eliminen el exceso de grasa, después envuélvelos con ellas presionando ligeramente para que parte de la grasa del frito se quede en la servilleta.

3. Cocinar al vapor es una excelente forma de conservar todos los nutrientes de los alimentos sin añadirles grasas. El horno es también un buen ayudante de cocina que mantiene las grasas a raya. No tienes que renunciar al sabor. Las carnes o pescados así preparados admiten múltiples posibilidades deliciosas: a la sal (cero grasas), acompañados de cebolla, pimientos rojos y verdes, ajo y perejil (rico, sano y vistoso a la hora de su presentación), condimentados con mostaza (por ejemplo, un lomo o redondo untado con mostaza y aderezado con pimienta no necesita más que una hora por kilo al horno). Recuerda también que en la rejilla del horno puedes hacer excelentes carnes al grill, simplemente condimentadas con sal gorda y tu especia favorita: orégano, tomillo, albahaca (toda la grasa caerá en la bandeja y así no formará parte del plato).

4. Las salsas son otro “peligro” a la hora de que una receta se suba de calorías. Un buen truco es hacerlas suprimiendo la harina. Sustitúyela por uno o varios de los ingredientes triturados. Por ejemplo, para hacer una salsa a base de cebollas, pimientos y tomate, sofríe los ingredientes, añade un poco de agua y de vino blanco y pasa todos los ingredientes por la batidora (no necesitarás espesarla con harina y resultará más ligera).

Si necesitas reducir la cantidad de grasa de una salsa de queso pero no estás dispuesta a renunciar al sabor, toma nota de este sencillo truco: sustituye la nata líquida por una bechamel poco espesa que cocinarás con leche descremada. Añádele un poco de queso roquefort o cualquier otro queso con mucho sabor y tendrás lista una magnífica salsa de queso baja en grasas.

5. En una dieta equilibrada no pueden faltar las legumbres y la pasta, pero ¿por qué no hacerlas de vez en cuando de una manera diferente? En ensaladas están buenísimas y engordan la mitad.

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6. A la hora de aliñar no te limites al clásico aceite-vinagre. Prueba otras alternativas a la clásica vinagreta recurriendo a las especias y a las hierbas aromáticas, sustituyendo cuando puedas el aceite por limón.

7. Los lácteos desnatados son una excelente idea para rebajar calorías a algunas recetas tradicionales. Los flanes (dulces o saldos) quedan igual de ricos haciéndolos con leche desnatada y reduciendo el número de yemas de huevo, es decir, si la receta requiere 4 huevos, pon sólo 4 claras y 2 yemas. Recuerda, además, que muchos platos tipo pudding, flan o incluso pasteles puede hacerse con gelatina (en vez de leche huevos y harina), perfecta para mantener la línea.

8. Tampoco tienes que renunciar a postres y dulces pero puedes reducir sus calorías limitando el azúcar o sustituyéndola por edulcorantes o por otros sabores naturales como la vainilla o la canela.

9. Si haces un sabroso y “contundente” caldo o plato de cuchara, retira fácilmente el exceso de grasa dejándolo enfriar en la nevera hasta que la grasa se solidifique. Elimina con una cuchara esa primera capa y tu caldo estará igual de bueno pero con muchas menos calorías.

10. Llegado el momento de servir, hazlo en platos pequeños. Por supuesto, esta costumbre no afecta a las grasas de tu receta pero sí a las calorías que tú ingerirás en cada comida.

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