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Entrevista a Valeria Mazza

Por: Ricardo Albillos EFE » 30/05/2009

La modelo argentina Valeria Mazza se sincera y habla sobre su vida personal y su familia, sobre sus principios y su condición femenina: "Estoy contenta con lo que soy. Con la educación que recibí, con las herramientas de que me dotaron para ser la mujer que soy. No quiero ser de otra manera. Procuro, eso sí, ser mejor día a día".

Valeria Mazza (Rosario, Argentina, 1972) fue una de las supermodelos que marcó época en la década de los noventa. A sus 37 años y con cuatro hijos, se ha decidido a contar sus secretos profesionales en un libro titulado “Crea tu fondo de armario”, con un subtítulo que reza “Consejos y trucos para sacarte el mejor partido”, donde se recogen las estratagemas que ha ido aprendiendo después de tantos años en el mundo de la moda.
Nos concede una entrevista y habla sobre su vida familiar y profesional.

¿Escribió este libro porque muchas veces ha sentido angustia delante del armario al preguntarse qué me pongo hoy?
Muchas veces lo he sentido. A lo largo de los años, en las entrevistas siempre se me preguntaba por consejos de moda o sobre cómo podía una mujer sentirse bien consigo misma. En el libro se recogen esos trucos que he ido aprendiendo.

"EL MUNDO ES UNA SELVA"

Nació en Rosario, pero se crió en un pueblecito, Paraná, en una familia de clase media. ¿Ha cambiado mucho aquella joven que quería ser maestra de niños?
Ya no soy tan ingenua como entonces. No puedo cambiar el mundo, pero puedo cambiar cosas de mi alrededor que no me gustan. Cumplí el sueño de aquella niña: formar una familia, tener niños, lo que hoy considero una gran responsabilidad. Educarles según unos determinados principios también es una manera de cambiar el mundo. Creí que el mundo se podía cambiar, pero lo dejé de pensar cuando me enfrenté a él. El mundo es una selva. A mí no me gusta el sálvese quien pueda. Prefiero vivir solidariamente en comunidad y que mi familia crezca con esos valores. 

Descubrió su feminidad a los 18 años; antes le daba igual ponerse un pantalón o una falda. ¿Cómo recuerda aquel cambio?

Al principio, era muy tímida y me daba mucha vergüenza sentir las miradas de los demás: me miraban como a una mujer, cuando yo me seguía sintiendo una niña. Luego comencé a disfrutar de mi condición femenina. Creo que es una arma muy poderosa para las mujeres. Empecé a querer mostrarme y a que los demás me vieran. En realidad, se trata de un juego entre las mujeres y los hombres.

¿El mejor estilo es sentirse bien con uno mismo?
Sin duda, y para estar bien hay que estar vestida de acuerdo, sobre todo, a la personalidad, a la edad y al físico de cada una.

¿Cómo se siente con el trabajo que dan en casa cuatro hijos y un marido?
Quise tener los cuatro hijos y hoy disfruto de tener esta familia que soñé. El día a día es duro, pesado, hace falta mucha paciencia. Por eso, me hace bien tener mi trabajo: cuando regreso a casa, soy mejor madre y esposa. No tengo esa culpa que embarga a muchas mujeres que también trabajan fuera de casa. Hay que relajarse y disfrutar de lo que una hace en cada momento.

"VOY A SACAR UN NUEVO PERFUME"

¿Qué proyectos profesionales tiene en la actualidad? 
Sigo con mi línea de productos de belleza, voy a sacar un nuevo perfume. Me espera un año de mucho trabajo, porque, con el embarazo de Taína, he estado un poco alejada de todo.

-Valeria tiene cuatro hijos. La pequeña Taína, que va a cumplir su primer año, Benicio, de tres, Tiziano, de seis y Balthazar, de nueve.

¿Se siente a gusto con los hijos que tiene?
Tenía ganas de tener la niña después de tres varones. Ellos son ruidosos y revoltosos, y Taína es una niña muy buena, muy tranquila: me da paz, me tranquiliza, cuando llego del trabajo cargada de tensión. Siento que la familia está encontrando la armonía.  

¿Se siente a gusto consigo misma?

Yo estoy contenta con lo que soy. Con la educación que recibí, con las herramientas de que me dotaron para ser la mujer que soy. No quisiera ser otra cosa. Procuro, eso sí, ser mejor día a día.
 
Ser sensual, ¿se aprende, se puede enseñar?
No se puede cambiar la altura, es difícil cambiar el rostro, pero todo lo referente a la actitud se puede adquirir: la elegancia, el estilo, la feminidad. También lleva consigo un trabajo interno, no sólo es ponerse un traje determinado.

Ha cumplido diez años de casada con el empresario Alejandro Gravier. ¿Cómo se consigue hacer que la pareja funcione?
Creo, sinceramente, que elegí bien. Compartimos los mismos objetivos, vamos por el mismo lugar. Además del amor, el que la pareja funcione es una decisión de todos los días.

"NO ME GUSTA ESTAR TIRADA EN EL SILLÓN"

Los hombres, ¿entienden a las mujeres cuando se compran diez pares de zapatos?
Es imposible, los hombres no pueden entender el placer que sentimos al estrenar o adquirir un par de zapatos. Ni se lo imaginan. De la misma manera que nosotras no entendemos que les pueda gustar subirse a un coche a 200 kilómetros por hora. Hay determinadas cosas que marcan la diferencia entre nosotros, la diferencia de sexos.

¿Qué recuerdos tiene de cuando en los grandes desfiles sólo eran cinco modelos: Naomi Campbell, Cindy Crawford, Elle Macpherson, Linda Evangelista y usted?
Había alguna más... Fue un momento de oro de la moda, único. Todas las luces estaban puestas en las supermodelos. Luego la moda ha cambiado mucho y han aparecido pocos nombres de modelos. La gente se sigue acordando de nosotras, porque nos ha visto crecer y ha compartido nuestras historias personales. Por eso, nunca pasamos de moda y seguimos trabajando. Siempre estamos ahí, a pesar del paso del tiempo. 

Hizo su primer desfile a los 14 años, y con 17 se mudó a Buenos Aires para estudiar Terapia Ocupacional. Ahora es embajadora internacional de las Olimpiadas Especiales y madrina del Hospital Universitario Austral en Buenos Aires. ¿Qué trabajo desarrolla en este sentido?
Se trata de ayudar a la gente con alguna discapacidad a que salga adelante, ayudar en lo que pueda. Lo maravilloso es buscar ayuda y apoyo especial para esas personas. Yo sólo pongo la cara y empujo.

¿Le queda tiempo libre?
No me gusta estar tirada en un sillón, así que aprovecho para hacer muchas actividades con mis hijos, desde nadar -de pequeña, era nadadora- hasta llevarles a partidos de tenis. Y me gusta hacer gimnasia, correr.

No sabía que fuera nadadora.

Sí, hasta los 15 años. Llegué a los campeonatos nacionales. Vivía para eso. En este deporte aprendí lo que soy: disciplina, respeto, la conciencia del trabajo bien hecho. Todas mis amigas salían, y yo me pasaba la vida entrenando. A los 15 años tuve que decidir entre presentarme a las Olimpiadas o vivir. Elegí vivir.
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